Cedars Acute

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  • fotografías por Óscar Monzalve

    “Un oficio puede resultar terapéutico, pero a su vez puede convertirse en una de las peores formas de explotación humana” María Jimena Herrera.

    Tejer es el proceso en el que el hilo se transforma en prenda cada vez que la aguja surca las hebras. Es un oficio mediante el cual la mente transforma la materia y aprende de cada nodo que se teje porque siempre intenta perfeccionar el siguiente. Durante el proceso, el tiempo fluye, las horas no se sienten y la concentración permanece intacta en elaborar, progresar y crear. Por eso tejer se considera, entre otros oficios manuales y artesanales, una forma de meditación y una terapia mental que ayuda a sanar desequilibrios, a recordar momentos y a fortalecer la mente.

    No obstante, el tejido no es únicamente un oficio artesanal, es también una industria de producción masiva, automatizada y mecánica. Un trabajo en el que los pedales de las máquinas reemplazan las manos, las agujas punzantes ametrallan las fibras textiles, donde el tiempo no fluye, sino que marca los segundos que restan para producir las prendas y determina el valor de ellas. Una industria que agota el cuerpo y satura la mente, la presiona durante jornadas de más de 12 horas y exige un mínimo de producción que solo es alcanzable sin horas de descanso.

    Cedars Acute es la representación de esta paradoja. Mientras que la realización manual de un oficio puede ayudar a la memoria, combatir el estrés y desarrollar habilidades, su industrialización ha subempleado a 40 millones de personas alrededor del mundo, negando sus garantías mínimas de protección física y psicológica, incumpliendo su justa remuneración y explotándolas laboralmente. Esta pieza artística es una maraña de hilos y botones tejidos entre sí que expresa la contradicción de este oficio; una enredadera que puede sanar, o a su vez, puede terminar siendo un caos letal.