Mi otro lugar

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  • fotografías por Óscar Monzalve

    Una casa es un adentro y un afuera. El adentro es protección, hábitat, familia. En oposición, el afuera es naturaleza, desprotección, amenaza. Pero también hay casas que lo reúnen todo, una finca cuyo afuera es también un adentro, cuya naturaleza es también refugio. Cuando se pierde una casa, se pierde también una parte de sí mismo, se esfuman un sinfín de recuerdos y memorias que se tejen en ese lugar de manera individual y colectiva. Se esfuman los rincones de reflexión, las salas de diálogo, los corredores de juego y los aromas de todos los que viven y sueñan adentro.

    Mi otro lugar es la translación que se fue construyendo poco a poco de una casa que ya no existe, que fue arrebatada en medio de un proceso legal. Es una transformación de ella a través de elementos de su afuera, que crean un nuevo adentro. Se trata de un manto de tela floral fabricada con hojas de bugambilia, un árbol de hojas moradas que abundaba en esta casa de campo. Este manto de 17 metros de longitud y 2,40 metros de altura representa el tiempo que duró la disputa legal en la que despojaron a la artista y su familia de la finca; pero también representa el tiempo que tomó elaborar la pieza: la obra fue terminada cuando el juez dictaminó su sentencia.

    La instalación pende del techo y crea un camino de observación, un espacio laberíntico que acoge al espectador e invita a recorrerlo y a refugiarse en su manto. Este otro lugar es un pedazo de ese lugar que ya no existe, pero que sigue vivo de otra forma: las hojas de bugambilia, ya secas como la otra casa, son la vida y la esencia de este nuevo lugar.